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Distracción y dislexia definen los puntos de partida de “Vestuario”. Éstos trascienden a la anécdota personal y se presumen constituidos como pauta para la creación de las imágenes presentes, dada la particular atención y percepción que la obra de Carolina Bazo nos solicita.

Esta muestra recorre dos aproximaciones expuestas en dos grupos de trabajos. Por una parte, imágenes’ suspendidas en resina (una pieza bifronte un personaje múltiple, por llamarlo de algún modo y una serie de retratos) en las que la transparencia y la traslucidez y el orden cuadricular en el que están dispuestas son fundamentales. Por otra, cuadros (retratos, escenas de situaciones bizarras) cuyas composiciones se organizan de acuerdo a patrones no-ortogonales y aparentemente aleatorios. Más allá de las diferencias, el conjunto de obras apela a un juego de confusiones ópticas, donde fondo y figura tramitan su preeminencia en nuestra retina. Por medio de tal juego Bazo insinúa las complejas relaciones entre individuo y colectividad, que, en sus organizaciones más rígidas (en las cuadrículas, por ejemplo), sugiere una necesidad de diferenciación llevada al punto de la indiferencia. Así, enfatizando la vestimenta-como-piel, “Vestuario” atiende a la noción de encubrimiento, que sus personajes revelan por medio del disfraz (las máscaras son su cara visible).

Este encubrimiento también se expone en la piel revestida. Conceptual e iconográficamente (como en la descripción cosmética de sus personajes), el maquillaje es tópico y referente en las imágenes de la artista como la cubierta con la que muchas veces enfrentamos al mundo para, irónicamente, no-enfrentarlo. La noción de maquillaje parece incluso desprenderse del tratamiento de superficie de sus cuadros, que refuerzan técnicamente la sensación de artificialidad a la que alude; la obra misma parece encamar en su factura tal condición. Se diría que la piel-del-cuadro ha sido acicalada por la artista. Y acaso sea porque la duplicidad es una preocupación base. entendida como un mecanismo que empleamos para salimos con la nuestra, si bien siempre enmascarando, compensando e inventando la situación: maquillándola (making it up?).

La extensión del juego visual que “Vestuario” pone en marcha se hace patente en los patrones de diseño como una constante. Aquí la lógica de la dislexia impregna el registro de lo visual en las inversiones de figuras y las trasmutaciones de fondo y forma. Las figuras que construyen patrones abstractos, formas de inspiración orgánica, coquetean por momentos con un orden fractal en su gradación. La atención cambiante que figura y fondo solicitan, se despliega imaginariamente como una distracción al-punto-de-la-ensoñación, en un recorrido del patrón abstracto al icono figurativo (caracoles, cerebros, peinados, etc.).

Acaso en sus distintos recursos visuales Bazo ronda el camuflaje (en la repetición de formas, de patrones, de iconos) y acoge la mímica como un modelo de construcción estética, pero también de comentario crítico. En tal medida, la obra misma parece parodiar la misma lógica que pretende exponer, una lógica de comportamiento ligada a las tensiones y confusiones entre individuo y masa; más aún, a las desapariciones de la individualidad en lo masivo (y sus desesperaciones por lo masivo) de ahí sus guiños a la moda y su appea/por el maquillaje.

Las inquietudes por nuestra cultura de repeticiones y reproducciones sistemáticas y sistematizadas clonaciones estéticas y comporta mentales incluso quedan seductora mente expuestas en un trabajo que en su modo de construcción misma, y nominalmente incluso, evidencia aquello que temática e iconográficamente aborda. Duplicidad, con todo, pero como una irónica repetición final, como si de una risa última (y mejor) se tratase.

Max Hernández Calvo
Lima 2004

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