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Tal vez si damos cuenta al reloj ya dio la hora vacía. Y es en esa hora, que Carolina Bazo llama así, en la que se ubican sus personajes, mas bien en la que se quedan, casi como atrapados. Los retratos que ella nos ofrece (Que recuerdan un poco a una foto carné, pero también a una estampita) están capturados en resina, puestos en un espacio no sujeto al tiempo, como ocurren con aquellas criaturas que el ámbar preserva eternamente en el aislamiento. Estos personajes fuera del tiempo son en cuanto a individuos- inmutablemente diferentes. Estas piezas incorporan, junto con la imagen del sujeto, un objeto particular que lo define que lo identifica. Como si de un atributo se tratase, el objeto corresponde a ciertas características del retratado, en este caso encarnadas en la vestimenta, pero también en un adorno, en un detalle: la persona y su característica hechos uno.

Estas imágenes son bifrontes y como tales incluyen información que el referente fotográfico aludido -la foto carné- excluye. Esta estrategia junto con la de los objetos/atribuidos que incorpora en las resinas forma parte de un particular acercamiento al retrato que lleva a cabo Carolina Bazo y que involucra representar al sujeto en la abundancia de al imagen para ser algo mas que mera imagen: un individuo. Pero también un objeto.

Estos grabados evidencian una carga más bien psicológica, en donde el entorno y la interacción son los elementos claves del trabajo. En estas piezas por medio del característico dibujo de Bazo se construyen escenas en las que algún tipo de narración reflexiva sobre lo familiar y lo cotidiano destaca, aun si ésta es sutil en el humor que predomina en ellas.

Max Hernández Calvo
Mayo 2001