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Carolina Bazo: Patterns

A character with her face covered by a red cloak and her body wrapped in a white blanket forming a peculiar geometric configuration, stands in the middle of a berm dividing a heavily traveled road; her dehumanized silhouette ripples in the wind. Her reckless quietness defies the street’s agitation and violence.

Another character, this time with her face uncovered, standing on the shore of the sea, evokes a sort of strange bishop or a surreal image of a nun. The character spits milk in a gesture with maternal, sexual and confrontational overtones, swims into the sea and disappears from our sight.

In this briefly described video-performance, Bazo’s characters are also abstract forms, symmetrical figures whose silhouette mark their actions. In a way, the forms themselves “perform.” Bazo alludes to sewing, design and behavioral patterns. Each form limits the possibilities of action: it limits or facilitates certain movements and responses to the environment. In that sense, rather than hiding, her costumes / disguises reveal the vital crossroads of these characters.

These silhouettes are repeated throughout the exhibition in a series of ceramic pieces (sculptures, plates and tiles) that exploit the background / figure relationships and the idea of repetition and difference—a constant in Bazo’s work. Many of the variations of these figures resemble human forms. In the ceramic plates decorated with these figures, some silhouettes are revealed to be visibly feminine. Framed in these utilitarian objects, an ornamental role in a domestic setting is suggested—one of so many patterns, roles, and places assigned in the social fabric.

Through design variations, the tiles invite a drift of formal associations, where the silhouettes can be read as references to: female bodies, body parts (noses, mouths, ears, vulvas, phalluses, etc.), accessories (pendants, medals, etc.), decorative objects (trophies, sculptures, ornaments) and household items (bottles, vases, candle holders). The idea of a pattern is doubly emphasized here: by the silhouette of the figure engraved on the tile and by the contour of the tile itself, which is highlighted in its relationship with the wall and with the other tiles. The whole installation constitutes a large inventory of forms that, in its own way, is also an alphabet of social and behavioral protocols.

The installation of ceramic sculptures works with these same silhouettes, which are cut and hinged in pairs in such a way that they become a three-dimensional element that breaks the figure / background dyad, “extracting” the figure from the background and turning it into an independent element. However, in the encounter between these cut-outs there are gaps and figures within figures—a sort of dialectic of presences and absences.

Arranged on iron pedestals, these figures resemble tailor mannequins, evoking the idea of models and by extension of a wardrobe—the silhouettes themselves evoke the costumes that appear in the video-performance. In that sense, Carolina Bazo suggests that our vestments are inseparable from our own (vital) performance and, although our costumes, roles and scenarios are familiar to us, they are no less disconcerting and less arbitrary than hers.

Carolina Bazo: Patrones

Un personaje con el rostro cubierto por un manto rojo y el cuerpo envuelto en telas blancas que forman una peculiar configuración geométrica, se encuentra de pie en medio de una berma que divide una carretera altamente transitada; su silueta deshumanizada ondula al viento. Su quietud temeraria desafía la agitación y violencia de la calle.

Otro personaje, esta vez con el rostro descubierto, de pie sobre la orilla del mar, evoca una suerte de alfil extraño o una imagen surrealista de una monja. El personaje escupe leche en un gesto que tiene de materno, de sexual y de confrontacional, para luego nadar en el mar y desaparecer de nuestra vista.

En esta video-performance brevemente descrita, los personajes de Bazo son también formas abstractas, figuras simétricas cuyos contornos marcan sus acciones. En cierto modo, aquí las formas “performan”. Los patrones a los que Bazo alude son tanto de costura, de diseño y de comportamiento. Cada forma acota las posibilidades de actuación: limita o facilita determinados movimientos y respuestas ante el entorno. En ese sentido, más que ocultar, sus trajes/disfraces revelan la encrucijada vital de estos personajes.

Estas siluetas se repiten a lo largo de la muestra en una serie de piezas cerámicas que explotan las relaciones fondo/figura y la idea de repetición y diferencia—una constante en el trabajo de Bazo—. Muchas de las variaciones de estas figuras recuerdan contornos humanos. En los platos cerámicos decorados con estas figuras, algunas siluetas se revelan visiblemente femeninas. Enmarcadas en estos objetos utilitarios, se insinúa un papel ornamental en un escenario doméstico—uno de tantos patrones, roles y lugares asignados en el tramado social—.

Por medio de las variantes de diseño, las baldosas invitan a una deriva de asociaciones formales, donde las siluetas pueden ser leídas como referencias a: cuerpos femeninos, partes del cuerpo (narices, bocas, orejas, vulvas, falos, etc.), accesorios (dijes, pendientes, medallas, etc.), objetos decorativos (trofeos, esculturas, adornos) y enseres domésticos (botellas, vasijas, candelabros). La idea de patrón resulta aquí doblemente reforzada: por la silueta de la figura grabada sobre la baldosa y por el contorno de la baldosa misma, que resulta resaltada en su relación con la pared y con las demás baldosas. El conjunto constituye un gran inventario de formas que, a su modo, es también un alfabeto de protocolos sociales y comportamentales.

La instalación de esculturas cerámicas trabaja con estas mismas siluetas, que son recortadas y articuladas en pares de tal modo que se convierten en un elemento tridimensional que rompe la diada figura/fondo, “extrayendo” la figura del fondo y convirtiéndola en un elemento independiente. Sin embargo, en el encuentro entre esos recortes se producen vacíos y figuras dentro de figuras—una suerte de dialéctica de presencias y ausencias—.

Dispuestas sobre los pedestales de fierro, estas figuras recuerdan a los maniquíes de sastre, evocando la idea de modelos y por extensión de un vestuario—las siluetas mismas evocan los trajes que aparecen en la video-performance—. En ese sentido, Carolina Bazo sugiere que las (in)vestiduras que usamos son indesligables de nuestra propia performance (vital) y, aunque nuestros vestuarios, roles y escenarios nos resulten familiares, no por ello son menos desconcertantes y menos arbitrarios que los suyos.

Max Hernández Calvo