carolina bazo | la porfiada / roly – poly
la porfiada / roly – poly

“Porfiado. Muñeco con base semiesférica que actúa de contrapeso de modo que tras golpearlo siempre vuelve a la posición inicial.”

En medio de la berma central que divide una carretera transitada se encuentra un personaje vestido con una suerte de túnica blanca de formas triangulares y con el rostro cubierto por una tela roja. Esta enigmática figura simplemente está ahí, de pie, descalza sobre la tierra yerma de la berma, desafiando la agitación violenta de los autos con su quietud temeraria.

Mediante sus formas y su acción, Carolina Bazo nos remite simultáneamente a los ballets experimentales de principios del siglo XX y sus siluetas deshumanizadas (alusión a un futuro que se anticipaba tecnológico y espacial), y a las performances de resistencia de los años 1970, y sus situaciones confrontacionales (como respuesta a un mundo violento y desigual).

En este video-performance, la artista nos presenta una situación ordinaria (la calle) y otra extraordinaria (su acción) en una trayectoria de colisión. Un lugar de tránsito como la carretera del circuito de playas y su berma central—a la que no hay acceso peatonal—, se convierten en zona de detenimiento. Bazo nos invita a que tomemos su testigo, deteniendo la mirada como correlato visual a su inmovilidad física, para examinar el ritmo de ese agitado espacio que ella no ve (pues ha tapado sus ojos) y ante el cual su cuerpo inmóvil constituye un contrapunto.

Mediante acercamientos y la aceleración de la filmación, el video remarca el movimiento como una constante del lugar. Los saltos de escala que imponen los acercamientos encuentran en la centralidad del personaje un ancla en la que fijar la mirada. Asimismo, los cambios de velocidad—que suponen un tiempo comprimido—subrayan la constancia del personaje: una inacción que en el fondo es una forma de resistencia, manifiesta en esos pequeños ajustes del cuerpo para no caer—y no ser arrollado en el proceso—. Esta idea de la constancia también es sugerida por esa suerte de “parpadeos” que recorren el video, en el que pareciese que por unas centésimas de segundo se hubiese cerrado los ojos, solo para descubrir que el personaje sigue insistentemente ahí, erguido, como un monumento, casi replicando los edificios al fondo de la imagen.

Carolina Bazo señala así los vacíos de espacio público al “performar” un monumento equívoco para un lugar imposible. A ese margen en el territorio corresponde una figura que se debate entre estatua figurativa y volumen abstracto, y que opera a mitad de camino entre objeto de diseño (hay de vasija en el contorno del personaje) y personaje de protesta, que aún imposibilitado de actuar (a fin de cuenta se le ve atado), interpone su presencia como un reclamo por otra realidad que no sea esta.

Max Hernández Calvo